14 junio 2008

Morenistas




Damian Toschi




Cuando frecuentemente, en debates historiográficos, se hace referencia a los “morenistas” este rótulo recae sobre los próceres o personalidades de la vida política argentina que, a principios del siglo XIX, adherían a los postulados de la revolución francesa de 1789.
En consecuencia, como mecanismo para hermanar el razonamiento de estos mismos criollos con la defensa que de ese proceso histórico hizo Juan Jacobo Rousseau, la historia y los análisis ideológicos ubicaron a los seguidores de Mariano Moreno en la larga fila de partidarios del jacobinismo. De ahí que, al no existir una definición concreta de “morenismo” según el diccionario de la Real Academia Española, morenista y jacobino son considerados sinónimos.
Ahora bien, hecha esta aclaración etimológica, sería un error de interpretación y un acto de supina ignorancia creer que, más allá de las ponderaciones que se hagan en la actualidad sobre estas corrientes de pensamiento, los conceptos se encuentran hoy emparentados. Sin embargo, es sabida la importancia que para la mayoría de los partidos políticos argentinos tiene el pensamiento y la doctrina de algunas celebridades de la historia que se ganaron el bronce.
Desde mayo de 2003, tanto Néstor Kirchner como ahora la presidenta Cristina Fernández recurren a ellos, tal como lo hizo Menem en los 90’ al citar a Juan Bautista Alberdi, para plantear discursivamente cuáles deben ser los ejes o líneas directrices que se han de trazar a largo plazo para lograr el desarrollo y el crecimiento de nuestro país. En reiteradas ocasiones, se ha oído al matrimonio presidencial enaltecer desde el atril de la Casa de Gobierno o en otros espacios a figuras como Belgrano, San Martín, Sarmiento, Güemes y el ya mencionado Moreno.
Detengámonos pues en este último caso. En la actualidad, y más allá de la consabida utilización maniquea que el capitán sureño del peronismo hace de los procesos históricos, sociales, políticos y económicos del pasado reciente, el kirchnerismo puede ser considerado “morenista”.
Pero cuidado, el morenismo de raigambre patagónica es diametralmente opuesto al que ideo el revolucionario de Mayo. La reinterpretación kirchnerista de esta doctrina no es republicana, no es jacobina, no es impulsada por políticos o funcionarios del mismo nivel intelectual y, por si fuera poco, no constituye el basamento teórico de proyecto de país siquiera similar.
Muy por el contrario, el morenismo que se profesa en la Casa Rosada y en la oficina de Puerto Madero donde el ex presidente Kirchner estableció su centro de operaciones, tiene como referente al Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, un funcionario que, con la venia de sus mentores y en representación de ellos ante algunos sectores de la producción, no actúa como lo debería hacer un hombre de Estado sino como un violento portavoz de los designios presidenciales en materia de política económica.
Al mismo tiempo, este escudero presidencial, pese a encontrarse llamativamente alejado del foco de conflicto que desde hace meses enfrenta al gobierno con las entidades agropecuarias por la implementación de las retenciones móviles, se erige como fiel defensor de una doctrina política que ve en los empresarios a los enemigos de la patria; o como un custodio de precios sugeridos cuya única misión es lograr que el índice inflacionario no supere el 10% anual, para lo cual no vacila en recurrir a una ley de facto como la de abastecimiento o en interferir en los mecanismos de medición estadística del INDEC.
Cualquiera puede advertir con claridad palmaria las diferencias que existen entre el morenismo clásico y el actual. Mariano, desde una perspectiva política que contemplaba la realización de un modelo de país, escribió, entre otras cosas, “La Representación de los Hacendados” y “Plan Revolucionario de Operaciones”. Guillermo, en cambio, recurre a la redacción permanente de actas de acuerdos de precios que no se cumplen, o al envío de cartas donde insta, so pena de severas multas, a empresarios y sectores productivos a que “gentilmente” bajen los costos o el nivel de sus ganancias.
Mariano veía en el campo a un sector productivo, motor del desarrollo económico de la Nación. Guillermo, desde una significativa miopía analítica propia de ignorantes y prepotentes, piensa que los actores agricolo-ganaderos constituyen una oligarquía, tal como alguna vez lo dijo Néstor Kirchner.
Pero lo grave de este escenario no está dado sólo por el contenido político y metodológico del “morenismo kirchnersita”, sino que el mismo, como es obvio, es justificado y defendido desde el Poder Ejecutivo. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que Guillermo Moreno actúa por su cuenta sin el consentimiento de la pareja presidencial? Es evidente que no.
Paradojas de la historia argentina de cara al bicentenario: muchos morenistas del siglo XIX (incluido, obviamente, el propio Mariano) pensaron la argentina a largo plazo y sacrificaron su vida por un ideal. Los morenistas del presente son menos patriotas: piensan en el corto plazo y, como están planteadas las cosas, cuesta creer que estén dispuestos a “sacrificar” a “su” Moreno en post de una argentina no sólo más justa sino también económica y políticamente más seria y creíble.
Publicado en Diario "Diagonales". La Plata

1 comentario:

  1. esta bien lo que escribieron, me ayudo mucho.

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