15 marzo 2012

La Coordinadora, La Cámpora y el Poder




Damian Toschi


   Días atrás, durante un discurso en Casa de Gobierno, Cristina Fernández, habló sobre la participación de la juventud en la política. En el acto comparó a “La Cámpora” con la Franja Morada y la Junta Coordinadora Nacional de la UCR. Al calor de la forzada equiparación, conviene corregir algunos errores en lo que incurrió la Jefa de Estado.
   La Presidenta interpretó que el núcleo que acompañó a Raúl Alfonsín en 1983 surgió en los albores de la democracia. Sin embargo, hay que remontarse a noviembre de 1968 y viajar hasta Setúbal, Santa Fe, para encontrar la génesis del grupo. Con la conducción tripartita de Leopoldo Moreau, Luis “Changui” Cáceres y Miguel Molinero, los coordinadores representaron un espacio político nacido como respuesta a la dictadura de Juan Carlos Onganía, que el 28 de junio de 1966 derrocó a Arturo Illia. A esto se suma otro dato mal interpretado por la mandataria: el denominado alfonsinismo no vio la luz en los primeros años de la década del ochenta. Fue en 1972, en plena dictadura de Alejandro Lanusse, con la fundación del Movimiento de Renovación y Cambio. Esa línea interna destronó al balbinismo de la conducción del radicalismo recién en 1982.
   Saldadas estas cuestiones, se impone un análisis comparativo sobre las experiencias juveniles de ayer y hoy. Por cuestiones lógicas, la Coordinadora nació como reacción frente al orden castrense que comandaba el país a finales de los 60’. La Cámpora”, en cambio, alumbra a la vida política al amparo del sistema democrático. Asimismo, mientras los radicales tuvieron como meta destronar destronar el modelo de facto, los justicialistas se definen a si mismos como custodios del autodenominado proyecto nacional y popular, y su rol es respaldarlo.
   El marco ideológico es una variable distintiva. Los alfonsinistas representaron una agrupación homogéneamente radical. Todos los miembros provenían de las filas del centenario partido y familias radicales que veían en Raúl Alfonsín un emergente de la socialdemocracia. Por su parte, los presuntos herederos de Néstor y Cristina Kirchner, conforman una estructura de indisimulable heterogeneidad doctrinaria: en el seno de la agrupación conviven hijos de militantes desaparecidos, peronistas antaño cercanos a Eduardo Duhalde, ex radicales, ex militantes de la izquierda universitaria  y sectores independientes. Esta seña particular escenifica un ideario difuso, difícil de encuadrar y explicar.
   La metodología de conducción interna también marca una divisoria de aguas. Timoneada por un cuerpo colegiado, la Coordinadora desestimó los esquemas stalinistas que caracterizaban a las organizaciones político-militares de los años 70’. Esta definición se corresponde, además, con el alto grado de formación política, intelectual y discursiva que ostentaban los referentes de entonces. Como contrapartida, pese a contar con una mesa directiva encabezada por Andrés Larroque, y de engrosar sus filas con figuras dignas de respeto militante y académico, los jóvenes K cultivan el desisionismo extremo. Aplicando el dispositivo verticalista propio de las estructuras peronistas, la organización acata las órdenes emanadas de Máximo Kirchner, quien justifica y ejerce el poder político amparado en la sola portación de apellido. A esto se suma un dato particular. En el libro La Cámpora, Laura Di Marco destaca el secretismo y la desconfianza como los valores culturales que describen al espacio.
   Las diferencias también se cristalizan en el campo simbólico. En los cánticos entonados en actos y congresos, Federico Storani, Facundo Suárez Lastra, Ricardo Lafferriere y compañía ligaban el nombre de la Coordinadora a la vida y la paz, en contraposición al llamado a la lucha armada que pregonaban otras tendencias de la época. Por estos tiempos, los jóvenes oficialistas, si bien no plantean empuñar un fusil para transformar la sociedad, se rotulan “Soldados del pingüino” o “Soldados de Cristina”, según sea el estribillo. Con este dispositivo identificatorio, entonces, repiten la liturgia militarista de la izquierda peronista, aquella que hizo que miles de hombres y mujeres se definieran como “Soldados de Perón”, capaces de dar la vida por el líder exiliado.
   Sin negar la labor militante de cada uno de los actores, la singularidad de cada experiencia se explica en torno al poder. Los Herederos de Alfonsín, así bautizados por Alfredo Leuco y José Antonio Díaz en el libro editado hace 25 años, alcanzan protagonismo desde el anonimato político, ajenos a cualquier estructura estatal o de gobierno. Como contrapunto, los escuderos kirchneristas florecen desde el poder y para el manejo del mismo, al calor de los beneficios económicos que garantizan los puestos legislativos y los cargos de gestión.
   Mirado retrospectivamente, el pasado arroja certezas y el presente interrogantes. Tras la disolución de la Coordinadora, en 1987, y el abrupto final de su proyecto político en 1989 con la renuncia anticipada de Alfonsín, los coordinadores, hoy veteranos, no abandonaron jamás la actividad política.
Desde diferentes lugares, y aún siendo responsables de la crisis que atraviesa el radicalismo en el presente, militan activamente. Con más errores que aciertos, con más renuncios ideológicos que coherencia histórica, trabajan para que el partido del que forman parte vuelva a gobernar algún día.
   Mientras tanto los dirigentes neocamporistas gozan del éxito: capacidad de movilización, recursos financieros, designación de funcionarios, estructura nacional, predicamento en bastos sectores sociales  y consideración política por parte de Cristina Fernández. Así todo, habrá que esperar unos años para sacar conclusiones valederas. Imaginar al kirchnersimo fuera del poder, derrotado en las urnas, es la única circunstancia en la cual se podrá determinar si estos jóvenes tienen capacidad y voluntad para hacer política desde el llano. En ese caso, y no antes, se sabrá si “La Cámpora” es una organización con vocación política, capaz de reponerse a las adversidades y predicar en el desierto, o si, por el contrario, refleja sólo un fenómeno circunstancial, que pasará sin pena ni gloría por la política argentina. La historia dirá.

18 febrero 2012

Ramón Tarruella: “La obra de Gabriel Báñez evita todo el tiempo los lugares comunes”

Encuadre. “La literatura de Bánez es muy difícil de encasillar”, afirma Tarruella. 


Codirector de la Editorial platense Mil Botellas y docente de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, presenta El circo nunca muere. La obra, recientemente editada y enmarcada dentro de la Colección Brindis, reúne tres cuentos inéditos del escritor local que se quitara la vida en 2009. En la charla, describe el estilo narrativo del autor y las líneas de continuidad que aparecen en los textos. Además, habla de Los Chicos y las Guerras, el libro de Bruno Petroni que forma parte de la misma serie.







Cada narración de Gabriel Bánez, no importa si es novela o cuento, implica un enriquecimiento de la percepción y exige un ajuste de cuentas entre lo imagina y la palabra. Nunca es igual, claro, porque la escritura se desplaza siempre a la misma velocidad que el deseo, que finge aplomo, compasión, desdén (no desprecio); a una intensidad voluble, ajustable también, como si salvara las distancias que cada escena, cada personaje, cada desenlace, perpetra en el borde dentado de la realidad, bajo la luz de una ficción. Bánez nunca es fácil, y no se lo puede convertir definitivamente en dieta saludable. Es un escritor extraordinario, de una singularidad irreductible.

Juan Chitarroni

Fabián Matus: “Estábamos muy ansiosos por ver el encuentro entre la artista popular y el público”

Imborrable. Matus no olvida la lluvia de flores que cubrió a su madre durante la primera noche en la que se presentó en Buenos Aires



El 18 de febrero de 1982 se produce el retorno de Mercedes Sosa a la Argentina, tras su exilio en Francia y España. Esa noche, en el Teatro Opera de Buenos Aires, tiene lugar la primera de las históricas presentaciones de la cantante tucumana. Los recitales quedaron registrados en célebre disco Mercedes Sosa en Argentina, donde está acompañada por León Gieco, Charly García, Domingo Cura y Rodolfo Mederos, entre otros músicos. A 30 años del regreso, su hijo recuerda los preparativos para la vuelta al país, todavía gobernado por la dictadura militar; el debut y el armado del espectáculo; rememora la interpretación de ‘Guitarra enlunarada’ y afirma: “es uno de los momentos más lindos que yo recuerde”.



Jorge Bercholc: “Hay una idea escolar de la tarea del parlamento”


Desconocimiento. Bercholc sostiene que, en general, la sociedad ignora en qué consiste el trabajo de los integrantes del Poder Legislativo.


Tras el incremento en las dietas de los Senadores y Diputados Nacionales, el académico, Dr. en Derecho Político y docente de Teoría del Estado en la Universidad de Buenos Aires, analiza la percepción que la sociedad tiene del Congreso; afirma que el salario de los legisladores no debe pensarse en relación a la productividad y pide debatir integralmente las características del sistema republicano; el rol de los medios de comunicación en la banalización de la actividad parlamentaria y el riego del discurso antipolítica.



Editorial: Injustificación Moral



Injustificación Moral




Damian Toschi

 
   El tema es mucho más profundo de lo que parece; va más allá de montos y billetes. El reciente aumento del cien por ciento en la dieta de los senadores y diputados nacionales abre un abanico analítico que trasciende la mera noticia, poniendo en el epicentro del debate el conocimiento que la sociedad tiene del parlamento y la actividad de los actores que en él se desempeñan.
   Un primer punto a considerar es la justificación laboral del salario. Ante la ausencia de parámetros legales que establezcan, regulen y controlen el nivel de ingresos económicos de los miembros del sistema parlamentario, el malestar ciudadano por el incremento autoadjudicado encuentra explicación en la incapacidad de los congresistas para dar cuenta de su labor cotidiana y, sobre todo, expresar con claridad las razones concretas que ameritan tales remuneraciones, independientemente de la cifras. En este sentido, el silencio que ganó el discurso de la mayoría de los miembros de ambas cámaras una vez conocida la noticia denota un inocultable sentimiento de culpa y pudor; una injustificación moral que deja un saldo nocivo: divorcia a los gobernantes de los gobernados, brindando argumentos a quienes creen, equivocadamente, que la actividad política, por sí sola y naturalmente, garantiza privilegios y enriquecimiento.
   Existe al mismo tiempo, y en abierta conjugación con lo anterior, una variable insoslayable: la ciudadanía, en su inmensa mayoría, desconoce los mecanismos de funcionamiento institucional del Congreso Nacional. Concomitantemente, los electores ignoran los nombres de los representantes que se votan cada dos años. Por eso, los procesos de conformación de comisiones, elaboración de dictámenes, presentación de anteproyectos, elección y rol de los miembros informantes y presidentes de bloque, constitución del  quórum, y demás herramientas y resortes políticos que tienen al legislador como figura excluyente, son ajenos a la vida de gran parte de la población.
   Esta falta de conocimiento, alimentada también por los resabios del “que se vayan todos” de diciembre de 2001 y las recurrentes desviaciones ideológicas y doctrinarias en las que incurren algunos representantes del pueblo, sustenta la creencia popular de que el Senador o Diputado trabaja únicamente cuando concurre al recinto y ocupa su banca.
   La visibilidad mediática también ayuda a entender el presente. La televisación de la actividad parlamentaria y la concurrencia a los programas políticos ponen a los legisladores en el ojo de la tormenta, obligándolos a dar explicaciones por su conducta. El lente de la cámara desnuda sus estrategias, refleja sus discursos y, en no pocas ocasiones, muestra las incongruencias entre el discurso y el accionar. Este dispositivo de exposición se suma a la intencionalidad con la que se suele juzgar el comportamiento de los dirigentes políticos en función de su salario. El maniqueo juego entre productividad legislativa y ganancias en pesos, entonces, sulfura los ánimos del los televidentes, dando lugar a la crítica periodística a veces malintencionada.
   La veracidad de la afirmación anterior tiene fundamentos. Los Jueces de la Corte Suprema, por ejemplo, los Ministros y algunos funcionarios de segundo orden cobran salarios significativos. En estos casos, aún percibiendo una considerable suma por su labor, al ser periodística y políticamente menos visibles que un legislador, y cuantitativamente inferiores en miembros, la crítica social, la impugnación ética sobre sus salarios es escasa o nula, salvo que se descubra un caso de corrupción que los tenga como partícipes.
   Frente a una sociedad que no termina de comprometerse del todo con la política y un Poder Legislativo cuyos miembros, en general, no puede explicar su tarea más allá de lo que muestran los medios de comunicación, la suba salarial es cuestionable en función del obsceno porcentaje y no en relación a la productividad e importancia institucional del Congreso.
   En consecuencia, renunciando de plano al discurso antipolítica que reina en algunos sectores, conviene aclarar que existen legisladores de diversas extracciones ideológicas que son un ejemplo de trabajo, compromiso, coherencia y honestidad. Por esta razón, porque la política debe ser entendida como una noble actividad al servicio de intereses altruistas, el aumento en las dietas parlamentarias resulta moralmente impugnable, alejado de la constitutiva austeridad republicana que debe signar la conducta de una dirigencia que pretende ser creíble ante la sociedad. 

17 febrero 2012

Alberto Fernández: “Este modelo me contiene poco”

Autocrítica. Para Fernández, “Todos debemos replantearnos el modelo”. El ex funcionario cuestiona el modo en el que se implementó la quita de subsidios y las restricciones a las importaciones


El ex Jefe de Gabinete opina sobre el “Proyecto X” que avala el presunto espionaje de la Gendarmería Nacional y afirma: “si Kirchner viviera esto nunca hubiera podido existir”. Además, critica al entorno político de Cristina Fernández y reclama: “me gustaría que alguna vez hagamos coherente la acción y el discurso”; reivindica su pertenencia al oficialismo pero cree que “se están equivocando las políticas”; espera que el vicepresidente Amado Boudou brinde explicaciones por el caso Ciccone.





Entrevista realizada el 17 de febrero de 2012, junto a Mario Arteca, por Radio Universidad Nacional de La Plata.

04 febrero 2012

Horacio Ballester: “Gran Bretaña nunca se retiró de ninguna colonia sino fue porque le salió muy caro permanecer allí”

Respaldo a la estrategia oficial sobre las Islas. “Me satisface mucho lo que está haciendo el gobierno”, anuncia Ballester.    

El Coronel retirado, titular del Centro de Militares Para la Democracia Argentina (CEMIDA), analiza la disputa con Inglaterra por la soberanía en Malvinas. “No se puede hablar de autodeterminación de los kelpers”, asegura. Además, remarca la importancia de la desclasificación del informe Rattenbach dispuesta por el gobierno nacional. “El tema Malvinas tiene que ser conocido por los argentinos”, subraya.


Editorial: Kirchnerismo Unipersonal



29 enero 2012

Kirchnerismo Unipersonal




Damian Toschi


   El primer mes del año tuvo un ritmo político atípico. Marcado por la operación presidencial, las controvertidas versiones sobre el diagnóstico de cáncer y la contundente reaparición de Cristina Fernández, las últimas semanas escenificaron frentes diversos: tensiones diplomáticas con el Reino Unido en torno a Malvinas; pujas entre la CGT y el gobierno por los salarios; restricciones a las importaciones; subsidios al sector agropecuario para paliar los efectos de la sequía y aumentos de tarifas, aun no definidos, del transporte público.
   Sumado a esta batería de temas, el gobierno nacional, en la voz del Vicepresidente Amado Boudou, ensayó un primer intento por instalar en la agenda pública la discusión sobre una posible reforma de la Constitución Nacional. Esta estrategia, desmentida posteriormente por el ex Ministro de Economía, fue confirmada, sin embargo, por el diputado del Frente Para la Victoria José María Díaz Bancalari.
   Esta circunstancia permite analizar el arquetipo de construcción política imperante desde el retorno de la democracia. Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, al calor del frustrado “Tercer Movimiento Histórico”, sectores del radicalismo repararon en la vía reeleccionista. En aquella oportunidad, las asonadas militares, el insuficiente poder legislativo, la negativa del reorganizado PJ y los efectos de la crisis económica de los últimos años sepultaron la iniciativa.
   Años después ese anhelo fue alcanzado por Carlos Menem, quien en 1995 consiguió su segundo mandato tras la reforma constitucional del año anterior. La habilitación para otro período constitucional, acordado en el denominado “Pacto de Olivos”, fue entendida por gran parte de la sociedad como el único objetivo de la reforma. Por esta razón, se minimizaron maliciosamente otros cambios pautados, a saber: el Consejo de la Magistratura, la figura del Defensor del Pueblo, la regulación de los DNU y la representación de la minoría en el Senado, entre otros puntos salientes.
   Una vez lograda la reelección el menemismo pretendió impulsar un nuevo mandato del entonces presidente. En ese momento, el aglutinamiento de la oposición parlamentaria, la negativa de algunos sindicatos, los nocivos efectos sociales y económicos de la flaqueante convertibilidad y la derrota en las elecciones legislativas de 1997 a manos de la Alianza sellaron la suerte del proyecto neoliberal.
   Hoy, a la luz de los primeros movimientos, el kirchnerismo se ilusiona con una tercera presidencia de Cristina Fernández. Mientras tanto, emulando el silencio utilizado en su discurso de asunción ante la Asamblea Legislativa en diciembre último, la jefa de Estado no desmiente ni descalifica el dispositivo reeleccionista que intentan motorizar algunos sectores del peronismo gobernante, abonando así la teoría del “operativo clamor”.
   Al margen de los deseos, el horizonte no parece tan claro. Hay condiciones políticas y económicas que pueden malograr la pretendida continuidad. La relación del gobierno con Hugo Moyano en la interna del PJ, la declarada guerra fría entre la Presidenta y Daniel Scioli por las intenciones del gobernador bonaerense de llegar a la Casa Rosada, y el encono mutuo que se profesan los dirigentes gremiales y la juventud de “La Cámpora”, son variables determinantes. A esto se agrega la capacidad, hoy incierta, que tiene la oposición para frenar o condicionar a un oficialismo dueño del 54 por ciento de los votos. Paralelamente, entran a tallar los efectos sociales de una economía que se desacelera, amenazando consecuentemente la capacidad de consumo de una importante porción de la sociedad, que votó al oficialismo con argumentos financieros y no ideológicos.
   Independientemente de su futura concreción o fracaso, este nuevo debate por la reforma constitucional deja en claro la vigencia de los liderazgos omnipresentes, totalizadores y carismáticos. Repitiendo las experiencias de Alfonsín y Menem, Cristina Fernández conduce un proyecto político sin solución de continuidad, una construcción de poder que, fallecido Néstor Kirchner, no tiene sucesor natural.
   En consecuencia, la búsqueda de una tercera presidencia, lejos de ser una demostración de fortaleza militante y personal de la actual mandataria, desnuda las limitaciones y falencias del gobierno para moldear dirigentes con proyección nacional, capaces de pensar al oficialismo más allá del 2015. El kirchnerismo, entonces, por encima de las heterogéneas y contradictorias fuerzas vivas que lo integran, es unipersonal: nace, se desarrolla y termina su ciclo en torno a la figura y las decisiones de Cristina Fernández. Y eso representa una inocultable debilidad política.