Damian Toschi
Días atrás, durante un discurso en Casa de Gobierno, Cristina Fernández, habló sobre la participación de la juventud en la política. En el acto comparó a “
Saldadas estas cuestiones, se impone un análisis comparativo sobre las experiencias juveniles de ayer y hoy. Por cuestiones lógicas, El marco ideológico es una variable distintiva. Los alfonsinistas representaron una agrupación homogéneamente radical. Todos los miembros provenían de las filas del centenario partido y familias radicales que veían en Raúl Alfonsín un emergente de la socialdemocracia. Por su parte, los presuntos herederos de Néstor y Cristina Kirchner, conforman una estructura de indisimulable heterogeneidad doctrinaria: en el seno de la agrupación conviven hijos de militantes desaparecidos, peronistas antaño cercanos a Eduardo Duhalde, ex radicales, ex militantes de la izquierda universitaria y sectores independientes. Esta seña particular escenifica un ideario difuso, difícil de encuadrar y explicar.
La metodología de conducción interna también marca una divisoria de aguas. Timoneada por un cuerpo colegiado,la Coordinadora desestimó los esquemas stalinistas que caracterizaban a las organizaciones político-militares de los años 70’ . Esta definición se corresponde, además, con el alto grado de formación política, intelectual y discursiva que ostentaban los referentes de entonces. Como contrapartida, pese a contar con una mesa directiva encabezada por Andrés Larroque, y de engrosar sus filas con figuras dignas de respeto militante y académico, los jóvenes K cultivan el desisionismo extremo. Aplicando el dispositivo verticalista propio de las estructuras peronistas, la organización acata las órdenes emanadas de Máximo Kirchner, quien justifica y ejerce el poder político amparado en la sola portación de apellido. A esto se suma un dato particular. En el libro La Cámpora , Laura Di Marco destaca el secretismo y la desconfianza como los valores culturales que describen al espacio.
La metodología de conducción interna también marca una divisoria de aguas. Timoneada por un cuerpo colegiado,
Las diferencias también se cristalizan en el campo simbólico. En los cánticos entonados en actos y congresos, Federico Storani, Facundo Suárez Lastra, Ricardo Lafferriere y compañía ligaban el nombre de la Coordinadora a la vida y la paz, en contraposición al llamado a la lucha armada que pregonaban otras tendencias de la época. Por estos tiempos, los jóvenes oficialistas, si bien no plantean empuñar un fusil para transformar la sociedad, se rotulan “Soldados del pingüino” o “Soldados de Cristina”, según sea el estribillo. Con este dispositivo identificatorio, entonces, repiten la liturgia militarista de la izquierda peronista, aquella que hizo que miles de hombres y mujeres se definieran como “Soldados de Perón”, capaces de dar la vida por el líder exiliado.
Sin negar la labor militante de cada uno de los actores, la singularidad de cada experiencia se explica en torno al poder. Los Herederos de Alfonsín, así bautizados por Alfredo Leuco y José Antonio Díaz en el libro editado hace 25 años, alcanzan protagonismo desde el anonimato político, ajenos a cualquier estructura estatal o de gobierno. Como contrapunto, los escuderos kirchneristas florecen desde el poder y para el manejo del mismo, al calor de los beneficios económicos que garantizan los puestos legislativos y los cargos de gestión.
Mirado retrospectivamente, el pasado arroja certezas y el presente interrogantes. Tras la disolución de la Coordinadora , en 1987, y el abrupto final de su proyecto político en 1989 con la renuncia anticipada de Alfonsín, los coordinadores, hoy veteranos, no abandonaron jamás la actividad política.
Desde diferentes lugares, y aún siendo responsables de la crisis que atraviesa el radicalismo en el presente, militan activamente. Con más errores que aciertos, con más renuncios ideológicos que coherencia histórica, trabajan para que el partido del que forman parte vuelva a gobernar algún día.
Mientras tanto los dirigentes neocamporistas gozan del éxito: capacidad de movilización, recursos financieros, designación de funcionarios, estructura nacional, predicamento en bastos sectores sociales y consideración política por parte de Cristina Fernández. Así todo, habrá que esperar unos años para sacar conclusiones valederas. Imaginar al kirchnersimo fuera del poder, derrotado en las urnas, es la única circunstancia en la cual se podrá determinar si estos jóvenes tienen capacidad y voluntad para hacer política desde el llano. En ese caso, y no antes, se sabrá si “La Cámpora ” es una organización con vocación política, capaz de reponerse a las adversidades y predicar en el desierto, o si, por el contrario, refleja sólo un fenómeno circunstancial, que pasará sin pena ni gloría por la política argentina. La historia dirá.








